viernes, 13 de febrero de 2026
Ruanda: Lecciones para después de una guerra.
jueves, 5 de febrero de 2026
Protegiendo las mentes: El derecho contra la intromisión mental. Thomas Douglas
Podría ser este uno de esos temas respecto a los cuales la sensibilidad social crece con el tiempo y que, en un futuro no muy lejano, deje al descubierto situaciones hoy habituales que, bajo una conciencia más desarrollada, resultarían impropias de una sociedad avanzada y democrática. No sería extraño que generaciones venideras se llevaran las manos a la cabeza al constatar la permisividad con la que se toleraron mecanismos generalizados de ataque a la libertad y a la integridad mental de los ciudadanos: la impunidad con la que determinados agentes sociales practican formas de intromisión mental con fines propagandísticos, orientadas al consumo ciego, a la imposición de criterios o al ejercicio de coacciones de carácter social sobre la manifestación de actitudes y principios que, siendo legítimos como expresión individual en un marco plural, son señalados por dichos agentes como modelos a reprimir.
La tesis expuesta por Thomas Douglas en su libro Protecting Minds: The Right Against Mental Interference puede resumirse del siguiente modo: si bien existe un amplio consenso en torno al derecho moral a no sufrir injerencias en nuestro cuerpo —esto es, el derecho a la integridad física frente a intrusiones no consentidas, que hace moralmente inadmisibles prácticas como la realización de procedimientos médicos sin consentimiento, la agresión física o los tocamientos no deseados—, no se da un reconocimiento equivalente respecto de un derecho análogo a la protección frente a la interferencia mental. Douglas defiende explícitamente el paralelismo entre mente y cuerpo en este sentido y muestra cómo, pese al histórico descuido de esta cuestión, algunos filósofos han avanzado parcialmente en esta dirección, siendo el derecho a la libertad de expresión el principio derivado más visible. A juicio del autor, cabría una defensa más exigente de la integridad mental, apoyada en nociones como la autonomía personal, la autopropiedad, el respeto debido a la persona o el derecho a no ser tratado de forma paternalista.
Douglas establece una distinción clara entre formas de interferencia mental moralmente problemáticas y prácticas legítimas de influencia mental, como la presentación de argumentos sinceros destinados a movilizar la opinión pública o a influir socialmente. Estas últimas resultan plenamente coherentes con la praxis democrática y con el reconocimiento de la madurez moral y racional de los ciudadanos.
Un análisis riguroso del concepto de interferencia mental que constituya una infracción de un derecho individual exige, según Douglas, elaborar una definición que permita identificar su estructura y las circunstancias en las que dicha interferencia traspasa los límites de la moralidad. En este sentido, un agente A interfiere mentalmente con un sujeto B cuando la acción del primero altera el estado mental del segundo mediante procesos que no son sensibles a las razones que cuentan a favor o en contra de dicho cambio. Esta insensibilidad puede darse bien porque tales razones no desempeñan un papel causal relevante en la alteración producida, bien porque en el tipo de proceso que induce el cambio dichas razones ni siquiera entran en consideración, como ocurre paradigmáticamente en ciertas intervenciones neurológicas. Para que esta interferencia mental constituya una infracción del derecho moral deben concurrir, además, tres condiciones adicionales: que el agente que la ejerce posea capacidades cognitivas y morales suficientes y pueda prever razonablemente las consecuencias de su acción; que la interferencia sea significativa, esto es, que supere un determinado umbral ético; y, por último, que el sujeto afectado no haya consentido la intervención ni se encuentre legítimamente privado del derecho a consentirla, como podría ocurrir en contextos específicos de reinserción social tras la comisión de un delito.
La significatividad de la interferencia dependerá, en primer lugar, de la importancia de los estados mentales afectados: una intervención dirigida a alterar creencias religiosas o convicciones íntimas resultaría más grave que otra orientada a modificar preferencias relativas a gustos alimentarios. En segundo lugar, dependerá del número de estados mentales implicados —por ejemplo, la alteración de la totalidad de los recuerdos frente a la modificación de uno asociado a un acontecimiento concreto— y, en tercer lugar, del grado de alteración producido: no es equiparable una leve interferencia en una preferencia que la inducción de un odio intenso hacia una persona o un colectivo.
Con ello, Douglas aspira a establecer un marco conceptual que permita distinguir entre interferencias legítimas e ilegítimas. No infringirían el derecho moral contra la interferencia mental aquellas actuaciones que informan sobre las razones de posibles cambios de preferencia, que llaman la atención sobre los efectos positivos o negativos de determinados comportamientos o que ofrecen nuevas razones a favor o en contra de una determinada posición. Sí lo harían, en cambio, aquellas prácticas que eluden la capacidad evaluativa del sujeto, como ciertas neurointervenciones o el uso de psicofármacos sin consentimiento, el empleo de imágenes subliminales que alteran inconscientemente deseos o creencias, o la aplicación de técnicas de condicionamiento que generan respuestas automatizadas sin mediación racional.
Douglas analiza asimismo la complejidad de sistemas de intervención basados en mecanismos sofisticados de condicionamiento, que inducen a los sujetos a conductas no razonadas e inconscientes, así como el uso de dispositivos que hoy pueden considerarse una extensión material de nuestra mente y que son empleados como instrumentos de intrusión mental sistemática.
En definitiva, el derecho moral contra la interferencia mental puede entenderse como un derecho derivado del principio de autopropiedad, cuya aplicación práctica exige identificar aquellos procesos que eluden la sensibilidad a las razones del sujeto. Desde esta perspectiva, los debates sobre los llamados neuroderechos deberían ampliarse para incluir tecnologías que no son estrictamente neurocientíficas, como el diseño digital persuasivo o el uso de técnicas de influencia subliminal. No se trataría de prohibir toda forma de influencia, sino de articular un marco normativo que garantice que los individuos conserven la autoridad sobre sus propios procesos mentales frente a intervenciones que tienden a tratarlos como meros objetos de manipulación biológica, química o conductual.
Thomas Douglas - Protecting Minds: The Right Against Mental Interference
Algunos ejemplos
¿Te imaginas que cuando caminas por la calle un desconocido se acercara y, sin pedir tu consentimiento, te agarrase de la mano para guiarte a través de un paso de peatones? Cualquiera se enfadaría y lo consideraría una intromisión corporal injustificable. La claridad con la que concebimos los límites de las interferencias corporales contrasta con la dificultad para detectar otras actuaciones intrusivas en la esfera del pensamiento: acciones orientadas a influir en la mente de una persona al margen de su condición de sujeto racional, a veces con la intención de obtener —mediante atajos— un beneficio personal o incluso social, pero a menudo con fines de manipulación, consumo inducido o control social.
Douglas ayuda a identificar estas intromisiones mediante ejemplos concretos. En primer lugar, las intervenciones neuronales directas, como la administración no consentida de fármacos, la estimulación cerebral o prácticas neuroquirúrgicas extremas, destinadas a alterar estados mentales por medios físicos o químicos. Son las más evidentes y, por ello, las más fácilmente reconocibles como moralmente problemáticas.
En segundo lugar, las técnicas psicológicas de condicionamiento, que operan al margen de la deliberación racional del sujeto: imágenes subliminales, terapias de aversión, técnicas hipnóticas o formas de adoctrinamiento en las que unos pocos individuos logran un control desproporcionado sobre amplios ámbitos de la vida mental de otros. En estos casos, la influencia no se ejerce ofreciendo razones, sino produciendo respuestas automáticas.
Un tercer ámbito analizado es el de la tecnología digital y la arquitectura de la atención. Plataformas y dispositivos incorporan mecanismos diseñados para explotar sesgos cognitivos: compras con un solo clic que favorecen decisiones impulsivas, titulares clickbait, flujos infinitos de contenido o recompensas aleatorias —como las “cajas de botín” en videojuegos— que reducen la capacidad deliberativa del usuario sin necesidad de coerción explícita.
Finalmente, Douglas examina los llamados nudges o empujones conductuales: intervenciones que simplifican la toma de decisiones explotando sesgos subconscientes, como la disposición estratégica de alimentos o las advertencias gráficas en productos nocivos. Aunque pueden perseguir fines legítimos, su uso plantea problemas cuando se aplican sin transparencia o cuando sustituyen la deliberación por la manipulación encubierta.
Este marco invita también a una reflexión sobre nuestras propias prácticas cotidianas. Ofrecer una copa para inclinar una decisión, hacer el vacío de forma deliberada con la intención de desmoralizar, dirigirse a alguien en contextos favorables para desacreditarlo y ganar la simpatía se terceros, seleccionar y compartir sistemáticamente contenido afín al propio relato o emplear los likes de manera estratégica son ejemplos de micro-interferencias que solemos normalizar. La tesis de Douglas no busca censurar toda influencia, sino recordarnos la importancia de distinguir entre persuasión racional e intromisión mental, y de mantener una vigilancia crítica tanto sobre las técnicas que otros emplean para influirnos como sobre aquellas que nosotros mismos utilizamos —a menudo de forma irreflexiva— en la interacción cotidiana.
miércoles, 28 de enero de 2026
Harry Brighouse: el lugar de la filosofía en la toma de decisiones públicas
Un ejemplo aplicado al modelo de Brighouse: ¿cuál podría ser el rol profesional de un filósofo ante el problema de la vivienda en España?
Muchos asocian la figura del filósofo en el contexto de la política con la del columnista o tertuliano televisivo que argumenta aportando razones de calado normativo sobre principios y juicios de valor: la de un intelectual que trata de incidir en la opinión pública a favor de ciertas ideas o posicionamientos, señalando qué valores deberían priorizarse en contextos de disputa y rivalidad en torno a cuestiones que exigen tomar partido a favor o en contra de determinadas medidas.
Como todo ciudadano, el filósofo puede tener —y generalmente tiene— inclinaciones políticas que se ajustan a los esquemas comunes, opiniones particulares e incluso, en algunos casos, formas de militancia dentro de una determinada formación política. En este plano, sus opiniones son tan legítimas como las de cualquier otro ciudadano y, del mismo modo, puede emplear su bagaje cultural para reforzar las tesis que defiende.
Lo que plantea Brighouse en el artículo referido es, sin embargo, algo distinto: la posibilidad de asignar al filósofo un papel profesional específico como asesor, un rol técnico que discurra en paralelo a su posible posicionamiento personal y que resulte socialmente útil para aportar claridad conceptual, estructura normativa y condiciones para un diálogo fecundo en contextos en los que las decisiones políticas son especialmente complejas y controvertidas.
Pongamos un caso práctico en el que a la complejidad técnica se suma la diversidad de modelos normativos y escalas de preferencias propias de una sociedad plural como la nuestra: el problema de la vivienda. ¿Cabe esperar del filósofo algo más que la participación en un debate público cuyas líneas argumentales están bien delimitadas por las diferencias entre sensibilidades políticas y adhesiones partidistas? La respuesta de Brighouse es afirmativa: sí cabe un posicionamiento técnico y pragmático que puede resultar de ayuda para la adopción de decisiones más razonables.
El problema de la vivienda en España viene marcado por factores como el encarecimiento sostenido de los precios, la dificultad de acceso para amplias capas de la población y la coexistencia de modelos de intervención antagónicos: por un lado, uno intervencionista, favorable al control y a la provisión pública; por otro, uno liberalizador, orientado a la habilitación de incentivos y a la expansión de la oferta privada.
En este contexto, el papel profesional del filósofo no consistiría en prescribir directamente una solución concreta, sino en ordenar normativamente el campo de decisión en el que dichas alternativas compiten.
En primer lugar, mediante la clarificación de los conceptos y valores en juego. Bajo la expresión “derecho a la vivienda” confluyen principios como la equidad distributiva, la suficiencia material, la prioridad a los colectivos más vulnerables, la libertad contractual, la seguridad jurídica o la sostenibilidad urbana. La filosofía puede desagregar estos valores y explicitar sus tensiones internas.
En segundo lugar, ayudando a distinguir entre variables y parámetros en función del agente decisor en cada caso. Para un ayuntamiento o una comunidad autónoma, factores como la política monetaria son parámetros; en cambio, son variables la regulación del alquiler turístico, la planificación urbanística o la promoción de vivienda pública.
En tercer lugar, el filósofo puede contribuir a la construcción de un marco deliberativo que integre valores normativos y evidencia empírica. Así, a modo de ejemplos de cuestiones vinculadas al conocimiento empírico, cabría considerar, en este caso, la posible relación entre la seguridad jurídica frente a la ocupación ilegal y una mayor oferta de vivienda en alquiler; el impacto que los controles de precios puedan tener sobre el volumen y la calidad de dicha oferta a corto y largo plazo; en qué medida la ampliación del parque público de vivienda incide en la reducción de los precios del mercado privado; o el efecto de los incentivos fiscales a propietarios sobre la movilización de vivienda vacía, entre otras cuestiones relevantes. Las ciencias sociales informan sobre los efectos probables de las medidas, pero no determinan por sí solas qué política debe adoptarse.
Según el modelo de Brighouse, la intervención filosófica no apunta a diseñar un plan ideal de política de vivienda, sino a mejorar la calidad racional de las decisiones efectivamente posibles, reconociendo límites institucionales, incertidumbre empírica y conflictos de valores.
No se trataría, en suma, de decidir qué debe hacerse, sino de ayudar a comprender qué se está haciendo cuando se elige una política u otra, y de hacerlo de manera intelectualmente responsable.
jueves, 18 de diciembre de 2025
NotebookLM: IA de altas prestaciones para profesores y alumnos
A la vez que la función docente se complica por los crecientes requerimientos administrativos —relativos a los procesos documentales de planificación y evaluación, la comunicación con padres y tutores o la atención individualizada—, las herramientas digitales se sofistican para aliviar en gran medida la carga que supone atender tantos frentes de forma simultánea al ejercicio propio de la docencia en el aula. En este contexto, la Inteligencia Artificial se está convirtiendo en un aliado fundamental para la organización temporal de las sesiones, la preparación de materiales y la elaboración de presentaciones, ejercicios y tareas, entre otros usos.
Por su parte, los estudiantes cuentan hoy con herramientas que ya no se limitan únicamente al acceso a contenidos mediante ampliaciones, resúmenes, ejercicios de autoevaluación automatizados o recursos complementarios en formato audio, vídeo o presentación. Ahora disponen también de la posibilidad de organizar sus recursos de un modo altamente personalizado, en función de sus intereses y necesidades, y de consultar la información de forma dialogada, utilizando la IA como un asesor siempre disponible y con un notable nivel de rigor.
A los sistemas basados principalmente en contenidos accesibles en la red —como ChatGPT o Copilot, entre los más populares— se suma NotebookLM, un proyecto de Google centrado específicamente en el análisis y la producción de materiales a partir de documentos propios, que pasan a ocupar un papel protagonista. Es cierto que las plataformas anteriores ya permiten la subida de contenidos para el trabajo interno, pero en este caso la IA admite una carga documental amplia que, por ejemplo en ChatGPT, solo es posible en determinadas modalidades de suscripción.
El funcionamiento de NotebookLM es muy sencillo. Basta con identificarse con una cuenta de Google y pulsar en + Crear nuevo. A partir de ahí, podemos elegir entre crear resúmenes de audio y vídeo a partir de fuentes en la web (páginas web, vídeos, etc.) o trabajar con archivos propios, que —como señalaba— constituye el punto fuerte de esta potente herramienta para la docencia y el aprendizaje.
Una vez seleccionados los recursos de partida, ya sea desde Internet o desde nuestro ordenador, disponemos de un panel con múltiples posibilidades de explotación didáctica. La IA permite crear, a partir de los archivos importados, resúmenes en audio o vídeo, mapas mentales, informes, tarjetas didácticas, cuestionarios, infografías o presentaciones. Además, es posible añadir en cualquier momento nuevo material mediante la opción + Añadir fuentes, y los recursos generados pueden basarse tanto en documentos concretos como en el conjunto de contenidos del cuaderno. Para ello, basta con marcar la(s) fuente(s) sobre las que queremos trabajar. Los materiales son personalizables en cuanto al grado de profundidad, nivel de dificultad, estilo gráfico etc. según los casos. En el caso de abajo empleo los valores por defecto.
Para poner a prueba la herramienta, he trabajado sobre un material propio: un contenido elaborado sobre el tema de Historia de la Filosofía El racionalismo - Descartes, desarrollado hace unos diez años en el marco de los Contenidos y Recursos de la Junta de Andalucía en CREA, dentro del IEDA (Instituto de Educación a Distancia de Andalucía).
- Evidencia: Solo aceptar lo que se presente de forma clara y distinta.
- Análisis: Dividir los problemas complejos en partes simples.
- Síntesis: Reconstruir el saber desde lo simple a lo complejo.
- Enumeración: Revisar todo para no olvidar nada.
• Res Infinita: Dios (garante de la verdad).
• Res Cogitans: El alma/pensamiento (nuestro primer pilar, el cogito).
• Res Extensa: La materia/cuerpo (el mundo físico).
Un añadido clave a su funcionalidad para la generación de materiales —configurable pero automatizada— es su chat interactivo, situado en la base del escritorio. No debe interpretarse como un buscador genérico, sino como un tutor especializado en los recursos subidos o enlazados en el cuaderno. Al docente le sirve para resolver dudas sobre dichos documentos mediante preguntas en las que, por ejemplo, se puede pedir la localización de citas concretas en las fuentes, propuestas para la aplicación didáctica de los temas o aclaraciones rigurosas sobre desarrollos complejos. El alumno, por su parte, tiene en este chat un asesor virtual que le permite despejar dudas, profundizar en nociones determinadas o pedir adaptaciones a su nivel y necesidades particulares, proporcionando así un mecanismo activo a un proceso de aprendizaje que, por lo común, suele ser pasivo.
Escenario de Aplicación: La Duda Radical
Basado en el contenido de la Junta de Andalucía sobre el Método Cartesiano.
martes, 16 de diciembre de 2025
¿En qué piensan los filósofos chinos de ahora?
Ya desde antes de la popularización de los medios informáticos y su extensión al mundo académico, no han faltado dentro del ámbito de la docencia filosófica detractores de una digitalización que vendría a debilitar la lectura clásica en papel, sustituyéndola por un tipo de publicación más ligera, en la que la lectura se combina con el recurso audiovisual y que carecería de la seriedad en la referencia y de la concentración que caracterizan al libro. Sin entrar en esa polémica —en la que no han faltado posiciones visionarias que anunciaban una suerte de apocalipsis de la cultura académica—, no cabe duda de que la digitalización e Internet nos permiten hoy en día acceder a información de primera mano sobre lo que realmente acontece en distintos campos del conocimiento, también en la filosofía. Y ello no solo a través de los grandes referentes tradicionales —autores que combinan un amplio conocimiento doctrinal y lingüístico—, sino mediante una aproximación directa a publicaciones académicas que se hacen accesibles gracias a ese lado amable de la globalización que llamamos Internet, y a herramientas informáticas tan útiles como los buscadores, los traductores, los grandes repositorios enciclopédicos digitales o la inteligencia artificial.
En este artículo buscaré una aproximación de primera mano a los temas y orientaciones que prevalecen en la filosofía china actual a partir de la lectura de publicaciones recientes en Hans Publishers (汉斯出版社), un editor de revistas académicas de acceso abierto que reproduce artículos sometidos a criterios de calidad académica como la revisión por pares (peer review) y mecanismos de detección de plagio. Se trata de una plataforma de código abierto que se presenta a sí misma como un espacio orientado a internacionalizar las revistas académicas chinas y promover la circulación de ideas científicas, eliminando barreras económicas al acceso a la lectura. La intención es observar las peculiaridades de los temas abordados y su mayor o menor paralelismo con el panorama filosófico occidental, al que, de un modo casi exclusivo, se dedica el estudio de una disciplina que, paradójicamente, suele concebirse a sí misma como un saber de vocación universal, pero con raíces netamente europeas.
Tradición china
En algunos de estos artículos se señala con claridad la impronta del pensamiento antiguo en el modo de pensar y sentir de la filosofía china actual. Así, en el artículo «Estudio sobre las inspiraciones modernas y el valor del pensamiento de la escuela Song–Yin» (朱宇航: 宋尹学派思想的现代启示与价值研究), Zhū Yǔháng (宇航 朱) analiza la escuela de pensamiento Song–Yin (宋尹学派) en la filosofía china de la época pre-Qin, destacando su relevancia para la comprensión de problemas que afectan al mundo contemporáneo. Este periodo pre-Qin comprende un amplio arco histórico que se extiende desde tiempos legendarios (en torno al tercer milenio a. C.) hasta el siglo III a. C., cuando se proclamó el primer imperio chino. Es una etapa conocida como la Época de los Cien Pensadores, en la que florecieron las principales escuelas del pensamiento chino: el confucianismo (儒家) —Confucio, Mencio—, el taoísmo (道家) —Laozi, Zhuangzi—, el mohismo (墨家) —Mozi—, la Escuela de los Nombres (名家), el legalismo (法家) —Han Feizi, Shang Yang— o la escuela Yin–Yang o naturalista (阴阳家).
El artículo se adentra en la controversia acerca de la existencia misma de una escuela Song–Yin diferenciada en el pensamiento pre-Qin y explora el valor moderno de las ideas de sus dos figuras centrales, Song Xing (宋钘) y Yin Wen (尹文). Aunque su nivel de detalle escapa en buena medida al control de un lector medio formado en filosofía occidental, el texto sirve como botón de muestra del valor concedido en China a sus raíces filosóficas y a la actualidad de sus postulados. En él se profundiza en distintas interpretaciones sobre cuestiones como la regulación del deseo y el bienestar personal, la tolerancia y las vías de resolución de conflictos, la construcción de la paz social o los modelos de gobernanza y equidad en sociedades complejas articuladas en torno al estado de derecho.
Filosofía universal
Cabe señalar, a este respecto, el paralelismo temporal y temático que puede trazarse entre los pensadores del periodo pre-Qin y los filósofos de la Antigua Grecia, con un florecimiento aproximado en ambos casos entre los siglos VI y III a. C. En ambos contextos se abordan cuestiones de ética y política —el camino hacia la felicidad, la virtud, el orden social ideal—, de metafísica —el principio o fundamento último de la realidad—, de lógica y filosofía del lenguaje —los límites del lenguaje y de la argumentación racional—, y de antropología filosófica —la naturaleza humana y su perfeccionamiento—. Las diferencias aparecen, no obstante, en el carácter más sistemático de algunos pensadores griegos, como Aristóteles, con su lógica formal y su estructura categorial, o en la mayor inclinación hacia la especulación teórica pura, que incluyó desarrollos en física, matemáticas y metafísica conceptual. También, por supuesto, en la ocasional apertura a la trascendencia y al espiritualismo en autores como Platón, frente a una concepción más inmanentista y naturalista de la filosofía china, en cuyo marco se desarrollaron modelos religiosos no deístas ni espiritualistas.
La teoría de las Formas platónicas es el eje del artículo de Tián Zǐlè (子乐 田), «El debate sobre la filosofía de la educación desde la perspectiva de las Formas y el realismo: un estudio comparativo de Platón y Aristóteles» (理念论与实在论视域下的教育哲学之争——柏拉图与亚里士多德比较研究). En él se revisan los modelos educativos griegos, sus fundamentos teóricos y sus implicaciones actuales. La conclusión principal es que ambas filosofías presentan un marcado contraste en cuanto a objetivos educativos, fuentes del conocimiento, trayectorias cognitivas y prácticas éticas, configurando una oposición entre idealismo y realismo que afecta a la metafísica, la epistemología y la ética, y que no solo estructura una tensión central de la filosofía griega antigua, sino que sienta las bases de dos paradigmas fundamentales en la historia posterior de la filosofía de la educación. El artículo repasa además la proyección histórica de ambos modelos —el platonismo a través de san Agustín y el idealismo alemán; el aristotelismo mediante la filosofía árabe, Tomás de Aquino, el empirismo o el pragmatismo— y propone su integración en un sistema educativo sólido que combine la aspiración a lo universal de Platón con el sentido común, el empirismo y la atención a la felicidad humana propios de Aristóteles.
En consonancia con esta inserción de la filosofía china en un marco universal del pensamiento, el artículo «Análisis de la lógica del “Bien” en la filosofía de Aristóteles» (亚里士多德哲学中的“善”理路探析), de Zhào Mòdiǎn (墨典 赵), aborda el concepto aristotélico de bien a partir de sus raíces presocráticas y su articulación con los modelos metafísicos y epistemológicos clásicos. El recorrido incluye a Jenófanes, Parménides y Platón, antes de centrarse en Aristóteles, quien entiende el bien no como una Idea separada, sino como aquello hacia lo cual tienden los entes según su naturaleza. De este modo se configura una explicación teleológica coherente que integra naturaleza, conocimiento, técnica y ética en una visión unitaria del mundo.
El marxismo chino...
El marco teórico del marxismo sigue siendo una referencia hegemónica en un país gobernado por el Partido Comunista Chino. No obstante, en la práctica, y especialmente en el contexto académico, opera como una matriz filosófica viva, caracterizada por una finalidad práxica, el recurso a la crítica dialéctica y un enfoque materialista, más que como un sistema doctrinal cerrado. De este modo, pueden desarrollarse estudios sobre modelos de pensamiento distantes o incluso críticos con él, siempre que no adopten una intencionalidad de confrontación directa ni se presenten como una alternativa normativa al núcleo de legitimidad del sistema.
En todo caso, conviene señalar algunos rasgos que distinguen este marco de muchas de sus expresiones occidentales, a menudo más centradas en la radicalidad emancipatoria. En el contexto chino, el marxismo opera fundamentalmente como herramienta analítica para articular el presente y como ejercicio de integración dialéctica entre una tradición interpretativa y una cultura milenaria que se busca preservar y actualizar. Tras la impronta de Mao Zedong, más vinculada a la ortodoxia ideológica y a la centralidad de la lucha de clases, y el giro pragmático impulsado por Deng Xiaoping —que abrió el debate académico a cuestiones como la alienación, la subjetividad o la tecnología—, el momento actual, bajo el liderazgo de Xi Jinping, desarrolla la idea de un “marxismo con características chinas”, atento a desafíos contemporáneos como la digitalización, la desigualdad o la gobernanza algorítmica.
En este marco se inscriben artículos como el de He Jiali (嘉丽 何), «La transformación del «trabajo alienado» en la era del capitalismo digital: un análisis crítico de los manuscritos económicos y filosóficos de 1844» (新变化、新特征与积极扬弃), que analiza el marxismo digital occidental —en autores como Christian Fuchs o Trebor Scholz— a partir de la teoría marxiana de la alienación, especialmente en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844. La digitalización no habría eliminado la alienación, sino que la habría ampliado y vuelto más difusa, desplazando la explotación externa hacia formas de autoexplotación interiorizada. Una línea similar sigue el artículo de Yan Ziyi (子怡 闫), «La transformación del «trabajo alienado» en la era del capitalismo digital: un análisis crítico de los manuscritos económicos y filosóficos de 1844» (数字资本主义时代“异化劳动”的嬗变), donde se examinan las dimensiones tecnológicas, ecológicas y espirituales de esta nueva alienación, insistiendo en la necesidad de explorar prácticas de trabajo no alienado en un contexto de desarrollo científico y tecnológico acelerado.
Un botón de muestra es este artículo que se inscribe plenamente en la oficialidad del marxismo chino, atendiendo a su caracterización específica en la China contemporánea, a su interés por los retos del desarrollo tecnológico y a su visión integradora y dialéctica de la tradición; es el de Shào Níngníng (邵宁宁), titulado «El fundamento filosófico y el camino de la construcción de la moral cívica en la nueva era» (新时代公民道德建设的哲学基础与路径) .
El trabajo parte de la idea de que la denominada “nueva era” constituye un momento histórico marcado simultáneamente por oportunidades y desafíos, que exige reforzar la legitimidad teórica, institucional y cultural del "socialismo con características chinas". Desde esta perspectiva, la construcción de la moral cívica es presentada como un elemento central del desarrollo espiritual y cultural del país y como indicador del nivel de civilización alcanzado. El autor subraya que, frente a los desafíos contemporáneos —incluidos los derivados de la modernización acelerada—, resulta necesario articular una síntesis entre la ética marxista y la tradición moral china, evitando tanto su abandono como su mera reproducción acrítica.
En este sentido, el artículo defiende una estrategia que combina la fidelidad a los principios fundamentales del marxismo con la innovación teórica, la actualización de los sistemas morales sociales y la orientación por los valores socialistas fundamentales, con el objetivo de fortalecer la cohesión social y contribuir al proyecto político y cultural del denominado “gran rejuvenecimiento de la nación china”.
... y el occidental.
A diferencia del marxismo occidental desarrollado a partir de la Escuela de Frankfurt y sus derivas posteriores —centradas en la crítica cultural, la racionalidad instrumental o las formas simbólicas de dominación—, el marxismo que atraviesa estas publicaciones, limitadas en número pero significativas, conserva una vocación estructural y organizativa. Autores como Adorno, Horkheimer o Marcuse desplazaron el eje de la crítica desde la economía política hacia la cultura, la técnica y la subjetividad, abriendo un campo de análisis extremadamente fértil, pero también progresivamente desligado de proyectos políticos institucionales estables.
Las corrientes posmarxistas y los enfoques identitarios surgidos desde los años sesenta ampliaron aún más este desplazamiento, extendiendo el concepto de emancipación a múltiples sujetos sociales definidos por criterios culturales, étnicos o de género. Si bien este giro permitió visibilizar formas reales de exclusión, también condujo en ocasiones a una fragmentación del marco crítico y a una pérdida de referencias comunes.
En contraste, el marxismo chino contemporáneo —en su versión académica— parece resistirse a esta dispersión. Sin negar la relevancia de la cultura, la subjetividad o la tecnología digital, mantiene como eje articulador la relación entre trabajo, estructura social y gobernanza, integrando la crítica en un horizonte histórico de largo alcance y en una concepción no rupturista de la tradición.
Pueden señalarse convergencias con Occidente, como muestra, por ejemplo, el recurso a autores del marxismo ecológico occidental, entre ellos el norteamericano James O’Connor, cuya teoría de la “doble crisis” es analizada en el artículo de Fútíhā’ěr · Kāiyīsài’ěr Yī (甫提哈尔·开依塞尔依), titulado «Las implicaciones contemporáneas de la teoría de la “doble crisis” de O’Connor» (奥康纳“双重危机”理论的当代启示). Se trata de una tesis de origen occidental cuya recepción en el ámbito académico chino pone de manifiesto un claro terreno de confluencia: la idea de que las contradicciones del capitalismo no se limitan a la esfera económica, sino que afectan de manera estructural a las condiciones materiales, sociales y naturales que sostienen la reproducción de la vida.
Este enfoque es integrado como herramienta analítica compatible con el horizonte normativo de la "civilización ecológica" (生态文明), en el que desarrollo, sostenibilidad y planificación social se conciben como dimensiones inseparables. El caso ilustra así cómo, pese a las diferencias históricas, políticas y culturales entre el marxismo occidental y el chino, ciertos diagnósticos críticos contemporáneos encuentran un espacio de traducción teórica y reformulación, orientado menos a la ruptura simbólica o a la denuncia de formas de poder —más habituales en determinados enfoques occidentales— que a la articulación sistémica del presente.
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China desde Occidente: Históricamente, el desarrollo de la filosofía occidental se ha postulado a sí mismo como el único referente de validez universal, construyendo un relato lineal que, desde la Grecia clásica hasta el idealismo alemán o la analítica contemporánea, ha tendido a ignorar otros trazados del pensamiento. Sin embargo, en la actualidad asistimos a un cambio de paradigma: la mirada se abre a autores que caen fuera de esta historia, ampliando el ámbito filosófico con otras tradiciones y líneas de pensamiento como las que nos proporciona esta nación de historia milenaria. Un exponente de este giro es la filósofa española Mercedes Valmisa Oviedo. Licenciada en Filosofía por la Universidad de Sevilla y doctora por la Universidad de Princeton, actualmente ejerce como profesora en el Gettysburg College (Pensilvania). Su labor investigadora se sitúa en el marco de la filosofía comparada, centrando su interés en la metafísica y la teoría de la acción, especialmente a través del pensamiento chino clásico. En obras como «Adapting: A Chinese Philosophy of Action» (2021) o en sus recientes investigaciones sobre la colectividad de los actos, Valmisa desafía el "mito del individuo soberano" tan arraigado en Occidente. A través de una relectura de textos clásicos como el Zhuangzi, propone el concepto de agencia adaptativa: la idea de que no somos agentes aislados, sino "seres entretejidos" en un proceso de co-creación con el entorno. Para Valmisa, ninguna acción es puramente individual; al igual que un dragón necesita de las nubes y el viento para volar, el sujeto humano actúa siempre en colaboración con una "situación" y una red de actores externos. Así, la filosofía deja de ser un monólogo occidental para convertirse en un diálogo global donde la tradición china aporta las claves para una nueva ética de la interdependencia. Mercedes Valmisa: «All Things Act» Oxford University Press (2025) |




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