.png)
Ya desde antes de la popularización de los medios informáticos y su extensión al mundo académico, no han faltado dentro del ámbito de la docencia filosófica detractores de una digitalización que vendría a debilitar la lectura clásica en papel, sustituyéndola por un tipo de publicación más ligera, en la que la lectura se combina con el recurso audiovisual y que carecería de la seriedad en la referencia y de la concentración que caracterizan al libro. Sin entrar en esa polémica —en la que no han faltado posiciones visionarias que anunciaban una suerte de apocalipsis de la cultura académica—, no cabe duda de que la digitalización e Internet nos permiten hoy en día acceder a información de primera mano sobre lo que realmente acontece en distintos campos del conocimiento, también en la filosofía. Y ello no solo a través de los grandes referentes tradicionales —autores que combinan un amplio conocimiento doctrinal y lingüístico—, sino mediante una aproximación directa a publicaciones académicas que se hacen accesibles gracias a ese lado amable de la globalización que llamamos Internet, y a herramientas informáticas tan útiles como los buscadores, los traductores, los grandes repositorios enciclopédicos digitales o la inteligencia artificial.
En este artículo buscaré una aproximación de primera mano a los temas y orientaciones que prevalecen en la filosofía china actual a partir de la lectura de publicaciones recientes en Hans Publishers (汉斯出版社), un editor de revistas académicas de acceso abierto que reproduce artículos sometidos a criterios de calidad académica como la revisión por pares (peer review) y mecanismos de detección de plagio. Se trata de una plataforma de código abierto que se presenta a sí misma como un espacio orientado a internacionalizar las revistas académicas chinas y promover la circulación de ideas científicas, eliminando barreras económicas al acceso a la lectura. La intención es observar las peculiaridades de los temas abordados y su mayor o menor paralelismo con el panorama filosófico occidental, al que, de un modo casi exclusivo, se dedica el estudio de una disciplina que, paradójicamente, suele concebirse a sí misma como un saber de vocación universal, pero con raíces netamente europeas.
Tradición china
En algunos de estos artículos se señala con claridad la impronta del pensamiento antiguo en el modo de pensar y sentir de la filosofía china actual. Así, en el artículo «Estudio sobre las inspiraciones modernas y el valor del pensamiento de la escuela Song–Yin» (朱宇航: 宋尹学派思想的现代启示与价值研究), Zhū Yǔháng (宇航 朱) analiza la escuela de pensamiento Song–Yin (宋尹学派) en la filosofía china de la época pre-Qin, destacando su relevancia para la comprensión de problemas que afectan al mundo contemporáneo. Este periodo pre-Qin comprende un amplio arco histórico que se extiende desde tiempos legendarios (en torno al tercer milenio a. C.) hasta el siglo III a. C., cuando se proclamó el primer imperio chino. Es una etapa conocida como la Época de los Cien Pensadores, en la que florecieron las principales escuelas del pensamiento chino: el confucianismo (儒家) —Confucio, Mencio—, el taoísmo (道家) —Laozi, Zhuangzi—, el mohismo (墨家) —Mozi—, la Escuela de los Nombres (名家), el legalismo (法家) —Han Feizi, Shang Yang— o la escuela Yin–Yang o naturalista (阴阳家).
El artículo se adentra en la controversia acerca de la existencia misma de una escuela Song–Yin diferenciada en el pensamiento pre-Qin y explora el valor moderno de las ideas de sus dos figuras centrales, Song Xing (宋钘) y Yin Wen (尹文). Aunque su nivel de detalle escapa en buena medida al control de un lector medio formado en filosofía occidental, el texto sirve como botón de muestra del valor concedido en China a sus raíces filosóficas y a la actualidad de sus postulados. En él se profundiza en distintas interpretaciones sobre cuestiones como la regulación del deseo y el bienestar personal, la tolerancia y las vías de resolución de conflictos, la construcción de la paz social o los modelos de gobernanza y equidad en sociedades complejas articuladas en torno al estado de derecho.
Filosofía universal
Cabe señalar, a este respecto, el paralelismo temporal y temático que puede trazarse entre los pensadores del periodo pre-Qin y los filósofos de la Antigua Grecia, con un florecimiento aproximado en ambos casos entre los siglos VI y III a. C. En ambos contextos se abordan cuestiones de ética y política —el camino hacia la felicidad, la virtud, el orden social ideal—, de metafísica —el principio o fundamento último de la realidad—, de lógica y filosofía del lenguaje —los límites del lenguaje y de la argumentación racional—, y de antropología filosófica —la naturaleza humana y su perfeccionamiento—. Las diferencias aparecen, no obstante, en el carácter más sistemático de algunos pensadores griegos, como Aristóteles, con su lógica formal y su estructura categorial, o en la mayor inclinación hacia la especulación teórica pura, que incluyó desarrollos en física, matemáticas y metafísica conceptual. También, por supuesto, en la ocasional apertura a la trascendencia y al espiritualismo en autores como Platón, frente a una concepción más inmanentista y naturalista de la filosofía china, en cuyo marco se desarrollaron modelos religiosos no deístas ni espiritualistas.
La teoría de las Formas platónicas es el eje del artículo de Tián Zǐlè (子乐 田), «El debate sobre la filosofía de la educación desde la perspectiva de las Formas y el realismo: un estudio comparativo de Platón y Aristóteles» (理念论与实在论视域下的教育哲学之争——柏拉图与亚里士多德比较研究). En él se revisan los modelos educativos griegos, sus fundamentos teóricos y sus implicaciones actuales. La conclusión principal es que ambas filosofías presentan un marcado contraste en cuanto a objetivos educativos, fuentes del conocimiento, trayectorias cognitivas y prácticas éticas, configurando una oposición entre idealismo y realismo que afecta a la metafísica, la epistemología y la ética, y que no solo estructura una tensión central de la filosofía griega antigua, sino que sienta las bases de dos paradigmas fundamentales en la historia posterior de la filosofía de la educación. El artículo repasa además la proyección histórica de ambos modelos —el platonismo a través de san Agustín y el idealismo alemán; el aristotelismo mediante la filosofía árabe, Tomás de Aquino, el empirismo o el pragmatismo— y propone su integración en un sistema educativo sólido que combine la aspiración a lo universal de Platón con el sentido común, el empirismo y la atención a la felicidad humana propios de Aristóteles.
En consonancia con esta inserción de la filosofía china en un marco universal del pensamiento, el artículo «Análisis de la lógica del “Bien” en la filosofía de Aristóteles» (亚里士多德哲学中的“善”理路探析), de Zhào Mòdiǎn (墨典 赵), aborda el concepto aristotélico de bien a partir de sus raíces presocráticas y su articulación con los modelos metafísicos y epistemológicos clásicos. El recorrido incluye a Jenófanes, Parménides y Platón, antes de centrarse en Aristóteles, quien entiende el bien no como una Idea separada, sino como aquello hacia lo cual tienden los entes según su naturaleza. De este modo se configura una explicación teleológica coherente que integra naturaleza, conocimiento, técnica y ética en una visión unitaria del mundo.
El marxismo chino...
El marco teórico del marxismo sigue siendo una referencia hegemónica en un país gobernado por el Partido Comunista Chino. No obstante, en la práctica, y especialmente en el contexto académico, opera como una matriz filosófica viva, caracterizada por una finalidad práxica, el recurso a la crítica dialéctica y un enfoque materialista, más que como un sistema doctrinal cerrado. De este modo, pueden desarrollarse estudios sobre modelos de pensamiento distantes o incluso críticos con él, siempre que no adopten una intencionalidad de confrontación directa ni se presenten como una alternativa normativa al núcleo de legitimidad del sistema.
En todo caso, conviene señalar algunos rasgos que distinguen este marco de muchas de sus expresiones occidentales, a menudo más centradas en la radicalidad emancipatoria. En el contexto chino, el marxismo opera fundamentalmente como herramienta analítica para articular el presente y como ejercicio de integración dialéctica entre una tradición interpretativa y una cultura milenaria que se busca preservar y actualizar. Tras la impronta de Mao Zedong, más vinculada a la ortodoxia ideológica y a la centralidad de la lucha de clases, y el giro pragmático impulsado por Deng Xiaoping —que abrió el debate académico a cuestiones como la alienación, la subjetividad o la tecnología—, el momento actual, bajo el liderazgo de Xi Jinping, desarrolla la idea de un “marxismo con características chinas”, atento a desafíos contemporáneos como la digitalización, la desigualdad o la gobernanza algorítmica.
En este marco se inscriben artículos como el de He Jiali (嘉丽 何), «La transformación del «trabajo alienado» en la era del capitalismo digital: un análisis crítico de los manuscritos económicos y filosóficos de 1844» (新变化、新特征与积极扬弃), que analiza el marxismo digital occidental —en autores como Christian Fuchs o Trebor Scholz— a partir de la teoría marxiana de la alienación, especialmente en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844. La digitalización no habría eliminado la alienación, sino que la habría ampliado y vuelto más difusa, desplazando la explotación externa hacia formas de autoexplotación interiorizada. Una línea similar sigue el artículo de Yan Ziyi (子怡 闫), «La transformación del «trabajo alienado» en la era del capitalismo digital: un análisis crítico de los manuscritos económicos y filosóficos de 1844» (数字资本主义时代“异化劳动”的嬗变), donde se examinan las dimensiones tecnológicas, ecológicas y espirituales de esta nueva alienación, insistiendo en la necesidad de explorar prácticas de trabajo no alienado en un contexto de desarrollo científico y tecnológico acelerado.
Un botón de muestra es este artículo que se inscribe plenamente en la oficialidad del marxismo chino, atendiendo a su caracterización específica en la China contemporánea, a su interés por los retos del desarrollo tecnológico y a su visión integradora y dialéctica de la tradición; es el de Shào Níngníng (邵宁宁), titulado «El fundamento filosófico y el camino de la construcción de la moral cívica en la nueva era» (新时代公民道德建设的哲学基础与路径) .
El trabajo parte de la idea de que la denominada “nueva era” constituye un momento histórico marcado simultáneamente por oportunidades y desafíos, que exige reforzar la legitimidad teórica, institucional y cultural del "socialismo con características chinas". Desde esta perspectiva, la construcción de la moral cívica es presentada como un elemento central del desarrollo espiritual y cultural del país y como indicador del nivel de civilización alcanzado. El autor subraya que, frente a los desafíos contemporáneos —incluidos los derivados de la modernización acelerada—, resulta necesario articular una síntesis entre la ética marxista y la tradición moral china, evitando tanto su abandono como su mera reproducción acrítica.
En este sentido, el artículo defiende una estrategia que combina la fidelidad a los principios fundamentales del marxismo con la innovación teórica, la actualización de los sistemas morales sociales y la orientación por los valores socialistas fundamentales, con el objetivo de fortalecer la cohesión social y contribuir al proyecto político y cultural del denominado “gran rejuvenecimiento de la nación china”.
... y el occidental.
A diferencia del marxismo occidental desarrollado a partir de la Escuela de Frankfurt y sus derivas posteriores —centradas en la crítica cultural, la racionalidad instrumental o las formas simbólicas de dominación—, el marxismo que atraviesa estas publicaciones, limitadas en número pero significativas, conserva una vocación estructural y organizativa. Autores como Adorno, Horkheimer o Marcuse desplazaron el eje de la crítica desde la economía política hacia la cultura, la técnica y la subjetividad, abriendo un campo de análisis extremadamente fértil, pero también progresivamente desligado de proyectos políticos institucionales estables.
Las corrientes posmarxistas y los enfoques identitarios surgidos desde los años sesenta ampliaron aún más este desplazamiento, extendiendo el concepto de emancipación a múltiples sujetos sociales definidos por criterios culturales, étnicos o de género. Si bien este giro permitió visibilizar formas reales de exclusión, también condujo en ocasiones a una fragmentación del marco crítico y a una pérdida de referencias comunes.
En contraste, el marxismo chino contemporáneo —en su versión académica— parece resistirse a esta dispersión. Sin negar la relevancia de la cultura, la subjetividad o la tecnología digital, mantiene como eje articulador la relación entre trabajo, estructura social y gobernanza, integrando la crítica en un horizonte histórico de largo alcance y en una concepción no rupturista de la tradición.
Pueden señalarse convergencias con Occidente, como muestra, por ejemplo, el recurso a autores del marxismo ecológico occidental, entre ellos el norteamericano James O’Connor, cuya teoría de la “doble crisis” es analizada en el artículo de Fútíhā’ěr · Kāiyīsài’ěr Yī (甫提哈尔·开依塞尔依), titulado «Las implicaciones contemporáneas de la teoría de la “doble crisis” de O’Connor» (奥康纳“双重危机”理论的当代启示). Se trata de una tesis de origen occidental cuya recepción en el ámbito académico chino pone de manifiesto un claro terreno de confluencia: la idea de que las contradicciones del capitalismo no se limitan a la esfera económica, sino que afectan de manera estructural a las condiciones materiales, sociales y naturales que sostienen la reproducción de la vida.
Este enfoque es integrado como herramienta analítica compatible con el horizonte normativo de la "civilización ecológica" (生态文明), en el que desarrollo, sostenibilidad y planificación social se conciben como dimensiones inseparables. El caso ilustra así cómo, pese a las diferencias históricas, políticas y culturales entre el marxismo occidental y el chino, ciertos diagnósticos críticos contemporáneos encuentran un espacio de traducción teórica y reformulación, orientado menos a la ruptura simbólica o a la denuncia de formas de poder —más habituales en determinados enfoques occidentales— que a la articulación sistémica del presente.
|
China desde Occidente:
Históricamente, el desarrollo de la filosofía occidental se ha postulado a sí mismo como el único referente de validez universal, construyendo un relato lineal que, desde la Grecia clásica hasta el idealismo alemán o la analítica contemporánea, ha tendido a ignorar otros trazados del pensamiento. Sin embargo, en la actualidad asistimos a un cambio de paradigma: la mirada se abre a autores que caen fuera de esta historia, ampliando el ámbito filosófico con otras tradiciones y líneas de pensamiento como las que nos proporciona esta nación de historia milenaria.
Un exponente de este giro es la filósofa española Mercedes Valmisa Oviedo. Licenciada en Filosofía por la Universidad de Sevilla y doctora por la Universidad de Princeton, actualmente ejerce como profesora en el Gettysburg College (Pensilvania). Su labor investigadora se sitúa en el marco de la filosofía comparada, centrando su interés en la metafísica y la teoría de la acción, especialmente a través del pensamiento chino clásico. En obras como «Adapting: A Chinese Philosophy of Action» (2021) o en sus recientes investigaciones sobre la colectividad de los actos, Valmisa desafía el "mito del individuo soberano" tan arraigado en Occidente. A través de una relectura de textos clásicos como el Zhuangzi, propone el concepto de agencia adaptativa: la idea de que no somos agentes aislados, sino "seres entretejidos" en un proceso de co-creación con el entorno.
Para Valmisa, ninguna acción es puramente individual; al igual que un dragón necesita de las nubes y el viento para volar, el sujeto humano actúa siempre en colaboración con una "situación" y una red de actores externos. Así, la filosofía deja de ser un monólogo occidental para convertirse en un diálogo global donde la tradición china aporta las claves para una nueva ética de la interdependencia.
Mercedes Valmisa: «All Things Act» Oxford University Press (2025)
|